Del parchís a la conspiración: cuando el juego crea recuerdos

Los juegos de mesa no son solo una forma de entretenimiento. Son recuerdos. Momentos que se quedan pegados a una tarde de domingo, a una sobremesa con risas, o a una discusión épica sobre si ese seis contaba o no.

De pequeños, muchos jugamos al parchís o al Cluedo. Nuestros padres quizás recuerdan largas noches de Risk, donde las alianzas familiares se rompían con una tirada de dados. Y otros se lanzaron a mundos de fantasía con Dragones y Mazmorras, improvisando mapas y personajes en la mesa del salón.

Hoy, la tradición continúa. Y evoluciona.

En Culture Games, creemos que esos juegos no eran solo pasatiempos: eran espacios de conexión, relatos compartidos que nos ayudaban a entendernos, competir con respeto, y sobre todo, recordar.

El Santo Encuentro y TRAICIÓN: la memoria del presente

Nuestros juegos, como El Santo Encuentro o TRAICIÓN – El Último Voto, no pretenden sustituir esos clásicos.
Pero sí quieren heredar su esencia: la de unir a las personas alrededor de una historia. Solo que ahora, esa historia también forma parte de nuestro patrimonio.

Ya no se trata solo de avanzar fichas o conquistar continentes. Ahora puedes revivir una procesión histórica sin moverte del comedor. O enfrentarte a una conspiración medieval mientras descubres aspectos reales de la historia de tu tierra.

Y lo mejor es que, al hacerlo, también estás creando nuevos recuerdos.

Lo que queda no es el resultado, es el momento

Tal vez dentro de unos años, alguien recordará cómo perdió en el último minuto en TRAICIÓN, porque su madre se equivocó con una carta clave. O cómo su abuelo consiguió resolver un enigma que nadie entendía.
Esos momentos, más que el juego en sí, son los que convierten una partida en memoria viva.

En tiempos de pantallas y distracciones rápidas, el juego de mesa tiene algo profundamente poderoso: te obliga a estar, a mirar, a reír, a pensar con otros.

Y eso también es patrimonio. Del bueno.


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