En el Pirineo aragonés hubo un tiempo en el que ser acusada de bruja podía costarte la vida

En 1592, veinticuatro mujeres fueron ahorcadas en el Pirineo aragonés.

No es una leyenda.

No es una historia inventada para Halloween.

Ocurrió de verdad.

Sus nombres quedaron escritos en unos documentos que permanecerían olvidados durante casi cuatro siglos.

Y mientras la memoria de aquellas mujeres desaparecía, las montañas seguían llenándose de historias.

Brujas que se reunían bajo tierra.

Bosques donde nadie quería entrar al anochecer.

Montañas que ocultaban aquelarres.

Y casas que, según las creencias populares, necesitaban protección contra aquello que llegaba durante la noche.

Esta es una historia sobre la brujería en el Pirineo aragonés.

Y comienza en un pequeño pueblo de Huesca.

Laspaúles, 1592: el año en que llegaron las acusaciones

Imagina vivir en Laspaúles a finales del siglo XVI.

El invierno es largo.

Los caminos son difíciles.

Una enfermedad puede cambiar la vida de una familia.

Y cuando ocurre una desgracia, alguien busca una explicación.

A veces, esa explicación tiene nombre y apellidos.

Una vecina.

Una curandera.

Una mujer que conoce remedios tradicionales.

O simplemente alguien sobre quien empieza a circular una sospecha.

En 1592, las acusaciones de brujería desembocaron en un proceso que afectó a mujeres de Laspaúles y de otras poblaciones cercanas.

Se las acusó de envenenar vecinos, de provocar desgracias y de cometer actos que hoy parecen sacados de una historia de terror.

Pero lo verdaderamente aterrador no fueron las supuestas artes oscuras.

Fue lo que hicieron con las acusadas.

Veinticuatro mujeres terminaron ahorcadas.

Y otras también sufrieron castigos o fueron perseguidas.

No sabemos todo lo que ocurrió en la vida de cada una.

Pero sabemos algo fundamental.

Aquellas mujeres existieron.

Y sus condenas fueron reales.

Los documentos que aparecieron siglos después

Durante mucho tiempo, la historia de Laspaúles quedó prácticamente olvidada.

Hasta que, alrededor de 1980, el párroco Domingo Subías encontró documentación antigua conservada en la iglesia de la localidad.

Entre sus páginas aparecían noticias sobre el proceso de 1592.

Los nombres.

Las acusaciones.

Las condenas.

De pronto, aquello que podía parecer una leyenda de pueblo tenía un rastro documental.

La investigación histórica permitió recuperar la memoria de las veinticuatro mujeres ejecutadas.

Entre ellas estaban Antona Delmás, María de Joan Porter, Antona Moranjo y Margalida Sen.

Nombres de personas reales.

No personajes de un cuento.

Y quizá ese sea el detalle que más impresiona.

Durante siglos, el Pirineo había conservado historias sobre brujas.

Pero una de las más terribles había ocurrido realmente.

El Turbón: la montaña donde se decía que se reunían las brujas

No muy lejos de Laspaúles se levanta el Turbón.

Una montaña imponente que domina parte del paisaje ribagorzano.

Durante generaciones, su nombre ha estado relacionado con relatos de brujería y reuniones nocturnas.

Cuenta la tradición que las brujas acudían a las montañas para celebrar aquelarres.

Imagina la escena.

El viento golpeando las laderas.

Las nubes cubriendo la cima.

Una pequeña luz que parece moverse en la distancia.

Y alguien, junto al fuego, susurrando que esa noche es mejor no salir.

No tenemos pruebas de que aquellos encuentros sobrenaturales ocurrieran.

Pero sí sabemos que las personas creían en ellos.

Y que esas creencias podían tener consecuencias terribles.

Porque en el Pirineo de aquella época el miedo a las brujas no siempre terminaba cuando alguien apagaba la vela.

A veces terminaba en un juicio.

El Bosque de Betato: ¿qué se escondía entre los árboles?

Viajamos ahora hasta el Valle de Tena.

Entre Piedrafita de Jaca y Tramacastilla de Tena se extiende el Bosque de Betato.

Hoy es un lugar tranquilo, lleno de árboles y senderos.

Pero la tradición popular lo relaciona con historias de brujas y aquelarres.

Y hay algo especialmente inquietante en los bosques.

Durante el día, un ruido entre las hojas puede ser simplemente un animal.

Al anochecer, el mismo ruido parece otra cosa.

Un crujido.

Una rama que se mueve.

Un sonido que se repite detrás de ti.

¿Y si no estás solo?

Las leyendas transformaron lugares como Betato en escenarios donde lo desconocido podía esconderse detrás de cualquier árbol.

No sabemos quién contó la primera historia.

Pero sí sabemos que todavía hoy mucha gente conoce el bosque precisamente por su relación con las brujas.

Las Cuevas de las Güixas: el lugar donde la montaña se abre

En Villanúa, a los pies de Collarada, existe una cueva cuyo nombre ya parece una advertencia.

La Cueva de las Güixas.

O, dicho de otra manera, la cueva de las brujas.

En su interior, el agua ha creado durante miles de años un paisaje de galerías, formaciones rocosas y espacios subterráneos.

Pero hay un lugar especialmente llamativo.

Una abertura natural comunica una de las cámaras con el exterior.

Desde abajo se puede contemplar un fragmento del cielo.

Y precisamente alrededor de este espacio se han transmitido historias de reuniones de brujas.

Imagina descender a la cueva siglos atrás.

Sin iluminación eléctrica.

Con una llama pequeña.

Escuchando el sonido del agua.

Y descubriendo, muy por encima de tu cabeza, la luz de la luna.

No cuesta entender por qué un lugar así terminó rodeado de leyendas.

Las formaciones geológicas son reales.

La ocupación humana antigua está documentada.

Los aquelarres pertenecen al terreno de las creencias y de los relatos populares.

Pero hay algo que ambas cosas comparten.

La capacidad de hacerte sentir diminuto bajo la montaña.

Las chimeneas espantabrujas: cuando el peligro podía entrar por el tejado

Ahora imagina regresar a casa.

Cerrar la puerta.

Apagar el fuego.

Y pensar que el peligro no siempre llegaba por el camino.

Según determinadas creencias pirenaicas, las brujas también podían amenazar la tranquilidad del hogar.

En la arquitectura tradicional del Alto Aragón encontramos chimeneas rematadas con elementos que popularmente se relacionan con la protección contra las brujas.

Se conocen como espantabrujas.

No todas las chimeneas tenían ese significado.

Y algunos remates pudieron responder también a razones constructivas o decorativas.

Pero su interpretación popular nos revela algo fascinante.

La superstición no vivía solamente en los bosques.

También podía estar presente en los tejados de las casas.

En los pequeños objetos protectores.

En los gestos cotidianos.

En aquello que una familia hacía para sentirse segura.

¿Por qué se tenía tanto miedo a las brujas?

Aquí la historia se vuelve todavía más inquietante.

Porque las brujas de las leyendas podían volar, lanzar maleficios o reunirse en lugares secretos.

Pero las mujeres acusadas de brujería eran personas normales.

Y en muchos casos, el miedo colectivo convirtió una desgracia en una acusación.

Una enfermedad inesperada.

La muerte de un animal.

Un conflicto entre vecinos.

Una mala cosecha.

La necesidad de encontrar a alguien a quien culpar.

La historiografía sobre la caza de brujas en Aragón muestra que las persecuciones estuvieron vinculadas a tensiones sociales, instituciones judiciales y creencias extendidas durante los siglos XVI y XVII.

Y conviene recordar algo que suele sorprender:

En Aragón, muchas condenas por brujería procedieron de autoridades locales, no exclusivamente de la Inquisición.

Las historias sobre hechizos eran parte de la creencia.

La persecución fue una realidad.

El Pirineo que todavía guarda sus secretos

Hoy podemos visitar Laspaúles.

Caminar por Betato.

Descender a las Cuevas de las Güixas.

Contemplar el Turbón.

O detenernos ante una chimenea tradicional.

Y cada uno de esos lugares tiene dos historias.

La que podemos estudiar.

Y la que alguien contó alguna vez junto al fuego.

En Culture Games nos fascina descubrir ese patrimonio que no siempre aparece en los libros de historia.

Las leyendas que sobrevivieron porque alguien decidió contarlas.

Los lugares que parecen diferentes cuando conocemos su pasado.

Y los misterios que siguen despertando preguntas siglos después.

Porque quizá lo más aterrador del Pirineo aragonés no fueran las brujas que, según las leyendas, se reunían en las montañas.

Quizá fuera descubrir lo que las personas eran capaces de hacer cuando realmente creían en ellas.

Tornar al blog