Patrimonio que se juega: enseñar lo invisible con cartas
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¿Cómo explicas a un niño qué es el patrimonio inmaterial?
¿Cómo convences a un adolescente de que una fiesta tradicional, un refrán o una receta también son historia?
Con definiciones… no.
Con experiencias, sí.
Y una de las más potentes es el juego.
Lo invisible que nos construye
El patrimonio inmaterial es todo aquello que no se puede tocar, pero que nos forma:
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Fiestas populares.
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Canciones, danzas, rituales.
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Recetas, saberes, leyendas.
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Oficios antiguos.
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Formas de hablar, de vestir, de contar.
Todo eso es cultura viva.
Y si no se transmite, desaparece.
Enseñar sin aburrir (y sin solemnidad)
Uno de los mayores retos en entornos educativos o familiares es hacer que el patrimonio importe sin convertirlo en una lección pesada.
Y ahí entra el juego.
Porque cuando juegas, no observas la cultura desde fuera:
la vives.
Ejemplo real: El Santo Encuentro
En El Santo Encuentro, los jugadores deben coordinar una procesión real de la Semana Santa de Barbastro.
No aprenden datos: toman decisiones, enfrentan conflictos, entienden los valores que están en juego.
Y lo hacen en grupo, colaborando, discutiendo, riendo.
Lo mismo ocurre con TRAICIÓN – El Último Voto, donde una fiesta histórica —las Alfonsadas de Calatayud— se convierte en el escenario de una conspiración.
Y de repente, la historia deja de ser pasado: es presente jugado.
Lo simbólico también se puede tocar… con cartas
Cuando un niño juega con cartas que representan leyendas, personajes históricos o decisiones inspiradas en hechos reales,
cuando una adolescente se ve obligada a elegir entre justicia o estrategia,
cuando una familia entera debate qué significa “hacer lo correcto” en un contexto cultural…
el patrimonio se encarna.
Y ya no es invisible.
¿Por qué conservarlo?
Porque nos da identidad.
Porque es lo que nos hace únicos.
Porque en un mundo cada vez más global y homogéneo,
las tradiciones que compartimos nos recuerdan de dónde venimos.
Y si podemos aprender eso riendo, jugando y creando recuerdos nuevos…
¿por qué no hacerlo así?