Juegos de patrimonio cultural: cómo conectan con jóvenes
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Cuando hablamos de juegos de patrimonio cultural, mucha gente piensa en materiales educativos formales o en productos que requieren “saber de historia” para disfrutarlos. Pero eso no podría estar más lejos de lo que proponemos desde Culture Games.
Nuestros juegos no están diseñados para imponer conocimientos, sino para activar la curiosidad, la emoción y la identificación. Y es precisamente eso lo que los convierte en herramientas especialmente potentes para conectar con las nuevas generaciones.
Cultura sí, pero sin rigidez
La clave está en cómo se presenta la cultura. En lugar de plantearla como un contenido que hay que memorizar, la tratamos como un universo vivo que se puede explorar a través del juego: decisiones, dilemas, alianzas, estrategia, narrativa…
Todo eso está presente en títulos como El Santo Encuentro o TRAICIÓN – El Último Voto, donde la cultura no es el decorado: es la mecánica central.
Los jóvenes no rechazan la historia. Rechazan el aburrimiento. Cuando les das la oportunidad de vivir una tradición, una fiesta o un momento histórico desde dentro —jugando, discutiendo, colaborando— la experiencia se transforma en algo significativo.
Una puerta de entrada a lo propio
Otra razón por la que los juegos culturales conectan con nuevas generaciones es porque hablan de lo cercano.
Muchas veces, un adolescente desconoce por completo el origen de la fiesta de su pueblo o por qué hay ciertas costumbres que su familia mantiene. Cuando un juego se basa en ese imaginario, se genera un efecto espejo: "esto lo he vivido yo, esto me suena".
Esa conexión emocional es mucho más poderosa que cualquier cronología. Y lo mejor es que se da jugando, no estudiando.
También funciona en aula, biblioteca o casa
Lo hemos comprobado: en colegios, centros culturales o en casa con la familia, nuestros juegos consiguen que los jóvenes:
- Se interesen por tradiciones que antes les parecían lejanas.
- Comprendan valores como la cooperación, el conflicto o el ritual.
- Disfruten sin darse cuenta de que están aprendiendo.
Y eso, en tiempos de sobrecarga digital, es más importante que nunca.