Antes de Halloween, Aragón ya encendía calabazas para espantar a los muertos

En Radiquero, un pequeño pueblo del Somontano de Huesca, existe una advertencia.

Si durante la Noche de Ánimas una figura se acerca y te ofrece una vela…

No la aceptes.

Puede parecer una historia inventada para Halloween.

Pero forma parte de las tradiciones populares aragonesas relacionadas con los difuntos.

Porque mucho antes de que las calabazas de Halloween se hicieran populares en España, ya existían localidades aragonesas donde se vaciaban, se iluminaban y se colocaban para ahuyentar a las almas.

Y algunas de esas costumbres siguen vivas.

Radiquero y la Nuei d'Almetas: una noche para recordar

A los pies de la sierra de Guara, muy cerca de Barbastro, se encuentra Radiquero.

Aquí la Noche de Ánimas recibe el nombre de Nuei d'Almetas.

Durante la celebración, vecinos de diferentes edades preparan calabazas iluminadas y las colocan en distintos puntos del pueblo.

La tradición está vinculada a la creencia de que las almas podían regresar durante estas fechas.

Pero lo más sorprendente son sus personajes.

Almetas y totones: las almas que todavía no han encontrado descanso

Según los relatos tradicionales recogidos en Radiquero, las almetas son almas en pena que todavía tienen asuntos pendientes.

Aparecen con cirios encendidos.

Y cuentan que pueden intentar entregar una de sus velas a una persona viva.

Quien la acepta corre el riesgo de ocupar su lugar.

Los totones también representan almas en pena, pero se relacionan especialmente con la vigilancia del cementerio.

La diferencia entre ambos personajes forma parte del imaginario local.

Y precisamente ahí está lo interesante.

No estamos hablando de un monstruo creado para una película.

Estamos hablando de personajes que han formado parte de la tradición oral de un pueblo aragonés.

La Asociación Cultural O'Coronazo ha contribuido a recuperar y mantener esta celebración.

¿Se utilizaban calabazas iluminadas en Aragón antes de Halloween?

Sí. Hay testimonios etnográficos y recuerdos locales sobre esta práctica.

Las calabazas se vaciaban y se les abrían ojos, nariz y boca.

Después se introducía una luz en su interior.

En Radiquero se han utilizado como elemento relacionado con las almas y el camino hacia el cementerio.

Pero sería incorrecto afirmar que todos los pueblos de Aragón realizaban exactamente el mismo ritual.

Las costumbres cambiaban de una localidad a otra.

Y no siempre conocemos con precisión cuándo comenzaron.

Trasmoz: calabazas a los pies del Moncayo

En Trasmoz, conocido por sus leyendas de brujería, también encontramos celebraciones relacionadas con las ánimas.

La Asociación El Embrujo de Trasmoz recuperó su fiesta de ánimas en 2002.

Durante la celebración, las calles se adornan con calabazas vaciadas e iluminadas.

El ambiente combina recuerdo de los difuntos, relatos populares y actividades festivas.

Es un buen ejemplo de cómo una tradición puede recuperar protagonismo gracias a la participación vecinal.

Y de cómo una celebración contemporánea puede apoyarse en costumbres transmitidas por generaciones sin que todos sus elementos actuales sean necesariamente antiguos.

Campanas, velas y lamparillas

Las calabazas no eran la única manera de iluminar la Noche de Difuntos.

En la etnografía aragonesa también aparecen referencias a pequeñas lamparillas de aceite, elaboradas con una mecha y un soporte que flotaba sobre el líquido.

La luz estaba vinculada al recuerdo de las almas.

Las campanas, por su parte, marcaban momentos importantes de la vida religiosa y comunitaria, incluidos los funerales y las conmemoraciones de difuntos.

Imagina un pueblo antes de la iluminación eléctrica.

Una calle de piedra.

Una lamparilla encendida.

Y las campanas sonando en la oscuridad.

No es difícil comprender cómo surgían determinadas historias.

La curiosa costumbre del plato de judías

Entre las costumbres recogidas por la divulgación etnográfica aragonesa aparece una especialmente peculiar.

Colocar un plato de judías sobre la mesa como parte de una práctica simbólica relacionada con las ánimas y las misas que se deseaba ofrecer por ellas.

No era una tradición general de todas las casas aragonesas.

Pero nos recuerda que el recuerdo de los muertos también se expresaba mediante pequeños gestos domésticos.

No todo sucedía en el cementerio.

A veces, la relación con los difuntos continuaba dentro del hogar.

¿Y qué ocurría en el Somontano y el Cinca Medio?

En el Somontano, Radiquero es uno de los ejemplos mejor documentados de recuperación de la Noche de Ánimas.

También se recogen referencias a costumbres de este periodo en localidades como Adahuesca, Alquézar y Salas Altas, aunque no debemos atribuirles automáticamente el mismo ritual de Radiquero.

En cuanto al Cinca Medio, sería interesante ampliar la investigación mediante testimonios vecinales, archivos locales y asociaciones culturales.

No hemos encontrado documentación suficiente para describir una ceremonia histórica concreta de calabazas y almetas en Monzón como si estuviera plenamente acreditada.

Y precisamente por eso es importante seguir preguntando a quienes conservan la memoria de los pueblos.

A veces la diferencia entre una tradición que sobrevive y otra que desaparece es que alguien se haya tomado el tiempo de escucharla.

¿Es la Nuei d'Almetas lo mismo que Halloween?

No exactamente.

Pueden compartir elementos visuales, como las calabazas iluminadas y las figuras inquietantes.

Pero la Nuei d'Almetas está vinculada a un contexto local de recuerdo de los difuntos y a personajes propios del folclore altoaragonés.

Halloween tiene otra evolución histórica y cultural.

Lo interesante no es decidir cuál es mejor.

Es descubrir que Aragón ya tenía historias extraordinarias para contar durante estas noches.

Las historias de nuestros pueblos también merecen seguir vivas

En Culture Games somos Eva y Marcos y trabajamos desde Barbastro.

Nos apasiona descubrir que a pocos kilómetros de casa existen tradiciones capaces de sorprender a personas de cualquier parte de España.

Historias de ánimas.

Calabazas iluminadas.

Personajes que aparecen al caer la noche.

Y recuerdos que siguen transmitiéndose de generación en generación.

Porque el patrimonio cultural no vive únicamente en los grandes monumentos.

También vive en aquello que nuestros abuelos contaban.

Y en las historias que decidimos no olvidar.

Así que, si alguna vez visitas Radiquero durante la Nuei d'Almetas, disfruta de la tradición.

Pero recuerda una cosa.

Si alguien te ofrece una vela…

Ya sabes lo que dice la leyenda.

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