Errores que enseñan: perder también es parte del juego
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En una partida en familia puede pasar de todo: risas, emoción, concentración, alguna trampilla inocente… y, cómo no, enfados. Especialmente cuando alguien pierde.
Y aunque de primeras puede parecer “solo un juego”, lo que ocurre en esos momentos de derrota dice mucho más de lo que creemos.
Porque perder también enseña.
Nos guste o no, en la vida no siempre se gana. Y los juegos de mesa, además de entretener, ofrecen un entorno perfecto para practicar algo fundamental: la tolerancia a la frustración.
Aprender a perder… sin perder la calma
Cuando un niño (o un adulto) pierde una partida, está ante una pequeña dosis de realidad:
las cosas no siempre salen como uno espera.
En esos segundos de rabia o tristeza, si hay un acompañamiento adecuado, se abre la puerta a enseñar algo valiosísimo:
- Que equivocarse no te define.
- Que se puede volver a intentar.
- Que incluso perdiendo, has aprendido.
Y que no pasa nada.
El error como parte del juego
En Culture Games, nuestros títulos como El Santo Encuentro o TRAICIÓN – El Último Voto están diseñados para poner a prueba decisiones, no solo habilidades lógicas.
A veces se falla. A veces se toma un camino equivocado.
Y eso no solo forma parte de la experiencia… es el centro del aprendizaje.
Ver que una decisión errónea no te excluye, sino que te impulsa a mejorar en la siguiente ronda, es uno de los aprendizajes más potentes que puede dejar un juego.
¿Y si dejamos que pierdan?
Sí, dejar que pierdan. No por crueldad, sino por pedagogía.
Porque evitarles toda frustración hoy, les hace más frágiles mañana.
Y los juegos, por su estructura segura y su carácter repetible, son el mejor laboratorio emocional para ensayar la derrota.
Eso sí: acompañemos ese momento.
- Con frases como: “Te entiendo, fastidia perder. ¿Quieres intentarlo otra vez?”
- Evitando la burla y también la sobreprotección.
- Valorando lo que se hizo bien, más allá del resultado.
Jugar para crecer
Una buena partida enseña más que normas.
Enseña a aceptar errores, a superarlos y a construir resiliencia.
Y si de paso se aprende sobre historia, cultura y decisiones éticas… mejor que mejor.
En la vida, igual que en los juegos, perder es también una forma de avanzar.